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Retina

Trastornos de la retina

La retina es la membrana sensible a la luz localizada en la superficie interna en la parte posterior del ojo. El nervio óptico se extiende desde el cerebro hasta aproximadamente el centro de la retina y luego se ramifica. El área central de la retina, llamada mácula, contiene la mayor densidad de nervios sensibles a la luz y en consecuencia produce la mejor visión. La vena y la arteria retinianas llegan a la retina cerca del nervio donde se ramifican siguiendo el recorrido de los nervios. Al igual que el nervio óptico y sus ramificaciones, la retina también cuenta con una importante cantidad de vasos que llevan sangre y oxígeno.

La córnea y el cristalino, que se hallan cerca de la parte más anterior del ojo, concentran la luz sobre la retina. Luego, las ramificaciones del nervio óptico captan las señales de luz y el nervio óptico las transmite hacia el cerebro, donde se interpretan como imágenes visuales.

Retinopatía diabética

La diabetes afecta la retina porque los altos valores de azúcar (glucosa) en la sangre engruesan las paredes de los pequeños vasos sanguíneos, pero al mismo tiempo las debilitan y en consecuencia las tornan más propensas a la deformación y a la fuga de sangre. El alcance de la retinopatía y la pérdida de la visión se encuentran en directa relación con el control de las concentraciones de azúcar en sangre y, más importante aún, con el tiempo que la persona lleva padeciendo la diabetes. En general, la retinopatía no se desarrolla hasta por lo menos 10 años después del inicio de la enfermedad.

En la retinopatía no proliferativa, pequeños capilares de la retina se rompen y comienzan a perder sangre. El área que rodea cada rotura en los capilares se hincha, formando pequeños sacos en los cuales se depositan las proteínas de la sangre. El oftalmólogo diagnostica esta enfermedad examinando la retina. La angiografía con fluoresceína (un procedimiento en el cual el médico inyecta un colorante dentro de una vena, espera a que llegue a la retina y luego hace fotografías de esta última) ayuda a determinar el alcance de la enfermedad. En sus fases iniciales, la retinopatía no proliferativa no produce ceguera. Las pequeñas hemorragias retinianas pueden distorsionar partes del campo visual o, si se encuentran cerca de la mácula, pueden nublar la visión.

En la retinopatía proliferativa, el daño a la retina estimula el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos. Este crecimiento puede parecer beneficioso, pero no lo es. Los nuevos vasos sanguíneos crecen de forma anormal, lo que conlleva cicatrización y, en ocasiones, un desprendimiento de retina. Pueden crecer o sangrar dentro de la cavidad vítrea. La retinopatía proliferativa es mucho más perjudicial para la visión que la retinopatía no proliferativa y puede ocasionar ceguera total o casi total.

Prevención y tratamiento

La mejor forma de evitar la retinopatía diabética consiste en controlar la diabetes y mantener la presión arterial a niveles normales. Las personas diabéticas deberían someterse a exámenes visuales anuales; al inicio del diagnóstico y regularmente según indique su oftalmólogo.

El tratamiento consiste en la aplicación de rayo láser, en la que un rayo láser se aplica sobre el ojo para destruir los nuevos vasos sanguíneos y sellar los que presentan pérdidas.

Si la hemorragia de los vasos dañados ha sido grande, puede ser necesario recurrir a la cirugía para extraer la sangre que ha entrado en el humor vítreo (un procedimiento llamado vitrectomía). La visión usualmente mejora tras la vitrectomía y el humor vítreo es gradualmente reemplazado. Es importante señalar que el objetivo que persigue esta cirugía es el estabilizar la visión y no mejorarla, al menos no es la intención principal; su oftalmólogo le explicará específicamente su caso en particular.

Degeneración macular

La degeneración macular es una enfermedad en la cual la mácula, la parte central y más vital de la retina, se deteriora.

La enfermedad afecta a los ancianos, es igualmente común entre los varones y las mujeres, y es más frecuente en las personas de piel blanca que en las de piel negra. La causa es desconocida, pero la enfermedad tiende a aparecer en el seno de una misma familia.

Síntomas y tratamiento

La degeneración macular produce una pérdida indolora de la visión. Ocasionalmente, el primer síntoma es una distorsión en un solo ojo, por lo que las líneas delgadas y rectas parecen sinuosas. A veces el médico puede notar claramente ciertos cambios físicos cerca de la mácula incluso antes de que aparezcan los síntomas. La degeneración macular puede dañar gravemente la visión, pero rara vez conduce a la ceguera total. La visión en los bordes externos del campo visual (visión periférica) y la capacidad para discernir el color no resultan afectadas.

Existen algunos tratamientos para la degeneración macular. Su médico oftalmólogo le indicara cual es el tratamiento que más le conviene.

Desprendimiento de retina

El desprendimiento de retina es la separación de la retina de la parte de debajo que la sostiene.

La red de nervios que conforman la parte de la retina sensible a la luz forma una delgada película que se adhiere firmemente al tejido que lo sostiene por debajo. Cuando estas dos capas se separan, la retina no puede funcionar y, a menos que se las vuelva a unir, puede resultar dañada para siempre.

El desprendimiento puede comenzar en un área reducida, pero si no se trata, toda la retina puede desprenderse. En una variedad de desprendimiento, la retina literalmente se rompe. Esta variedad en general se presenta en personas miopes o que han sido sometidas a una operación de cataratas o han sufrido una lesión ocular. En otra variedad, la retina no se rompe pero se separa del tejido que tiene debajo. La retina se separa cuando el movimiento del líquido dentro del ojo jala la retina o bien cuando el fluido se introduce entre la retina y el tejido subyacente y las separa, desprendiendo la retina.

Síntomas

El desprendimiento de retina es indoloro pero puede crear imágenes de formas irregulares flotando o destellos luminosos y puede nublar la visión. La pérdida de la visión comienza en una parte del campo visual y a medida que avanza el desprendimiento la pérdida de visión se extiende. Si el área macular de la retina se desprende, la visión se deteriora rápidamente y todo se torna borroso.

Un especialista de los ojos (oftalmólogo) examina la retina mediante instrumentos especializados y en general puede ver el desprendimiento. Si el desprendimiento no es visible, un examen con ultrasonido puede evidenciarlo.

Tratamiento y pronóstico

La persona que experimente una repentina pérdida de visión debería consultar a un oftalmólogo de inmediato. El oftalmólogo le indicará el tratamiento más indicado en su caso.

Si la mácula permanece unida, el pronóstico es generalmente bueno. En general si la retina vuelve a colocarse en su sitio dentro de las 48 horas, el pronóstico es bueno. Sin embargo, si la retina ha estado despegada durante más tiempo o si ha habido hemorragia o cicatrización, el pronóstico no es muy favorable.

Trastornos de los vasos sanguíneos

Los trastornos de los vasos sanguíneos que afectan al ojo incluyen hemorragias, un inadecuado suministro de sangre y la obstrucción de los vasos. Dichos trastornos pueden tener graves consecuencias, puesto que pueden dañar la retina, a veces de forma permanente, y derivar en una visión deficiente e incluso en la ceguera.

Retinopatía hipertensiva

Esta enfermedad se presenta cuando la presión arterial se torna extremadamente alta, como en los casos de hipertensión severa, hipertensión maligna y toxemia del embarazo. A medida que la enfermedad avanza, se escapa sangre dentro de la retina. Algunos sectores de la retina resultan dañados porque el suministro de sangre es inadecuado y, con el paso de los años, se acumula grasa en la retina.

La finalidad del tratamiento es hacer descender la alta presión arterial, que es la raíz del problema. Cuando la presión arterial es muy alta y representa una amenaza para la vida, es necesario comenzar el tratamiento de inmediato para salvar la vista y evitar otras complicaciones.

Obstrucción de la arteria retiniana

La arteria retiniana es el mayor vaso que suministra sangre a la retina. Si está bloqueada, el ojo afectado repentinamente pierde la visión, aunque sin dolor. La obstrucción puede deberse a la aterosclerosis, un coágulo de sangre o un glóbulo de grasa (en general, grasa que escapó de la médula ósea tras una fractura y llegó como un émbolo, a través del riego sanguíneo). Otra causa importante, es la inflamación de los vasos sanguíneos de la cabeza. Es necesario comenzar un tratamiento de inmediato para preservar la visión.

Obstrucción de la vena retiniana

La vena retiniana es el vaso principal que transporta sangre desde la retina hacia el corazón. Su obstrucción hace que las venas más pequeñas de la retina se hinchen y se vuelvan tortuosas. La superficie de la retina se congestiona e hincha y puede producirse un escape de sangre en la retina. La obstrucción de la vena retiniana tiene lugar principalmente en las personas ancianas que padecen de glaucoma, diabetes, presión arterial elevada, o enfermedades que espesan la sangre.

La obstrucción de la vena retiniana provoca una pérdida indolora de la visión que tiene lugar de forma mucho más lenta que en los casos de obstrucción de la arteria retiniana. Los cambios permanentes que se observan consisten en la formación de vasos sanguíneos nuevos y anormales en la retina y la aparición de glaucoma. El tratamiento con láser puede ser utilizado para destruir los vasos anormales.